Natalia de Benito Lopesino

Natural de Madrid, ciudad que la vio nacer en el 11 de enero de 1985. Ha utilizado la escritura desde pequeña como terapia, volcando en un papel todo lo que no podía o no se atrevía a decir y luego quemaba o tiraba esos escritos para no dejar huella.

Aunque siempre ha sido reticente a compartir sus líneas con los demás, sí ha compartido algunas con personas importantes en su vida personal. Es enfermera de profesión y vocación, porque para ella el cuidado del paciente y su familia están por encima de todo. Lo más importante en su vida es su hija, que cada día le enseña a ver el mundo con otros ojos, llenos de una bondad que no sabe si se merece. 

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Para no olvidar

Para no olvidar es una historia contada desde las entrañas de Pilar, una enfermera que enfrenta el COVID-19 tejiendo una maraña de sentimientos contradictorios con los que ha de vivir día a día. Llevará al lector de la mano a través de la pena, el miedo, la culpa, la responsabilidad, el dolor y finalmente la aceptación.

Con estas líneas tendrás un nuevo punto de vista sobre cómo vivieron muchos sanitarios los primeros meses de la pandemia a pie de cama y con las emociones a flor de piel.

«Sostuve su mirada, cogí sus manos, acaricié sus cabellos, y se lo prometí. Este libro es la promesa de no olvidarles jamás».

«Porque no se merecen ser olvidados».


Entrevista a la autora

¿Cómo y cuándo empezaste a escribir?

—Desde niña, me gustaban mucho las redacciones del colegio y siempre me esforzaba al máximo, aunque las cosas más personales surgen en mi adolescencia, cuando plasmaba en un papel todo el dolor que no encontraba otra forma de abrirse paso. Aunque de aquello casi nada se conserva.

—¿Qué géneros literarios escribes y por qué?

—Bueno solo he publicado este libro novelado, pero antes he escrito muchísima poesía, pequeños relatos o historias que inventaba, siempre basados en hechos reales, en las injusticias, en las cosas que remueven sentimientos, que emocionan.


Explica a los lectores qué van a encontrar en tu libro.

—Emociones. Sobre todo, eso. Empatía con el paciente, con su familia y con el personal que tuvo que atenderlo. Y todo ello enmarcado en varias noticias reales que surgían mientras escribía y creo que no han perdurado lo suficiente, pero las he rescatado. En este libro el lector va a atravesar un duelo que todos hemos hecho de alguna manera durante estos meses de pandemia, aunque algunos no hayan sido conscientes. Creo que, para poder seguir adelante, hay que entender y recordar lo que pasó con vivencias como la de Pilar, en primera persona.

—¿Por qué decidiste publicar este libro?

—Pues porque creo que no hemos sabido contar bien lo que vivimos cuando todo estalló. Hablo con la gente que me rodea y me doy cuenta de que realmente muchos no son capaces de empatizar con esta crisis sanitaria porque no se lo hemos explicado. Hago mucha autocrítica en mi libro porque a veces pedimos una empatía sin haber hecho antes los deberes que nos corresponde a los sanitarios, que es educar en salud y en el sistema sanitario que tenemos. Aunque sinceramente, no me hubiera atrevido a publicar si no hubiera sido porque lo prometí. De verdad, no es algo poético, es una realidad. Les prometí a aquellos pacientes que siempre les recordaría y que haría lo posible para que sus historias no quedaran en el olvido. Se fueron muy injustamente en el más absoluto de los silencios y algunos pretenden que los olvidemos de un plumazo. Y supongo que también por esos familiares que tanto han sufrido, que muchos no pudieron despedirse y creen erróneamente que su familiar murió solo o sola y que nadie les cogió la mano en el peor momento. Qué va. Todos sostuvimos sus manos, aunque no hayamos tenido fuerza para contarlo a tiempo.

—¿Qué es lo que más te ha costado escribir durante tu proyección como escritor/a?

—Nada. Escribí el libro en 6 meses, vomitando cada palabra sobre el teclado, dejando un reguero de lágrimas en cada párrafo. Fue muy duro, pero muy fácil a la vez, porque no he escrito más que sobre las vivencias que hemos pasado, sobre nuestros sentimientos. Lo difícil fue reescribirlo después, ordenar todo aquello, darle un hilo conductor. Pero la esencia ya estaba escrita.

—¿Quiénes son tus referentes literarios? ¿Crees que influyen en tu forma de escribir?

—Bueno creo que queda más que claro. Para mí, Almudena Grandes no es solo que sea una gran escritora, es que es la gran contadora de la Historia, con mayúscula, pero a través de pequeñas historias, que pueden ser inventadas pero que al final reflejan la vida corriente de muchas personas reales. Me gusta la novela histórica en general, también leo a Julia Navarro, a Ken Follet, a Eva García Saéz de Urtuti, a Fernando Aramburu y muchos otros. A veces entre novela y novela leo algo de género policíaco. No sé si influyen en mi manera de escribir, pero desde luego sí influyen en mi manera de pensar. Creo que los que somos lectores asiduos terminamos convirtiéndonos en lo que leemos. Por ejemplo, en mi libro cuento cómo a mi protagonista le pasa que se vio envuelta de pronto en una guerra de verdad, porque venía de un vocabulario bélico a todas horas en los medios de comunicación. Creo que la forma de hablar, de leer o de escribir, al final condiciona tu pensamiento.

—¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído que te haya marcado y por qué?

—San Manuel Bueno Mártir, de Unamuno. Para mí fue un antes y un después en la literatura. Me obligaron a leerlo, y lo cogí con pocas ganas, pero me encantó, y a lo largo de mi vida lo he releído un montón de veces, y siempre termino preguntándome lo mismo, aunque con diferentes respuestas según el momento y la madurez. Creo que son preguntas que llevan haciéndose miles de años en todas las religiones del mundo. ¿Y si no existe ningún Dios, pero la gente es más feliz si mantengo en ellos la fe? Ese cura no creyente que describe Unamuno para mí es el ejemplo de dicotomía, ¿qué es lo bueno? ¿Qué es lo malo? ¿Hay que decir siempre la verdad? ¿Está bien hacer felices a la gente, aunque les estés engañando conscientemente? Es un debate ético en el que no hay respuestas correctas.

—¿Tienes alguna anécdota curiosa del proceso de escribir para compartir con nosotros? ¿Cuál?

—Bueno muchas. Por ejemplo, durante el proceso de pronto me di cuenta de que estaba utilizando las canciones de Ismael Serrano casi como banda sonora de mi libro, y no le había pedido permiso antes. Me puse a imaginar el libro sin todos esos versos y me parecía desangelado. Así que crucé los dedos y me dispuse a intentar contactar con él, que por supuesto no le conozco personalmente. Después de tratarlo por Facebook, por Instagram, por Twitter y de buscar algún mail sin ningún éxito, una noche eterna de insomnio digo ¡ya está!, ¿y si le contrato? Suena muy loco, y quizá lo sea, pero conseguí contactar con la productora Paraísos Desiertos S.L. por el mail que tienen para contratación de conciertos. Y he de decir que quien me respondió fue encantadora y muy rápida, pero mientras esperaba esa respuesta afirmativa yo no paraba de decirme que parecía una fan bastante loca y que se estarían partiendo de risa de la enfermera loca fan de Ismael. Pero bueno, dio resultado. Al final todos somos personas. Me pasó algo parecido para conseguir la autorización de Almudena Grandes.

—¿Qué esperas de la publicación de tu obra con Ediciones Passer?

—Espero que crezcamos juntos. Contacté con Ana cuando terminé de escribir el libro por primera vez, casi a la vez que abría las puertas de su editorial, y estuve todo el verano retocando, cambiando, quitando, añadiendo, y cuando finalmente lo tuve listo no dudé en publicar con ella por la confianza que transmite. Creo que he sido un poco un dolor de cabeza como autora, porque soy muy perfeccionista, pero ha mostrado conmigo una paciencia que hace honor a su apellido, Villamor.

—¿Estás trabajando en algún proyecto o tienes alguno nuevo en mente?

—De momento no, ¿o sí? Tengo muchas cosas en la cabeza, pero ahora quiero centrarme en que Para no olvidar llegue al máximo de gente posible y ver cumplida mi promesa.