Martín Iguaran

Martín Iguaran nació en Buenos Aires, República Argentina, en 1994. Abogado graduado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, completó sus estudios en la Université Catholique de Louvain, Bélgica. Actualmente vive y trabaja en Buenos Aires. Se define como adicto a la lectura en todos sus formatos. Fanático del horror, la ciencia ficción, la novela histórica y el misterio. Ganó el Primer Premio de Cuento Corto de la Universidad de Belgrano en 2011. Habla inglés, francés y alemán. En su tiempo libre es editor de la Revista Literaria Terminus. Lo pueden encontrar en Twitter y Goodreads como @iguaran_martin. El Castillo de San Severino es su primera novela.

El castillo de San Severino

La herencia inesperada de un primo lejano obliga a Fran a realizar un viaje hacia el desconocido pueblo de San Severino.
Allí le espera la residencia de la familia Aliaga Morejón, de los que descubrirá las entrañas de una vida en la que las apariencias engañan y los hechos del pasado aún perduran en el ambiente.
Un pasado que atrapa.

Entrevista al autor

—¿Cómo y cuándo empezaste a escribir?

—Comencé en la adolescencia a escribir relatos. Lo hacía por placer, no me planteaba publicar. Gané en 2011 el Primer Premio de Relatos de la Universidad de Belgrano, en Buenos Aires, y ese fue el primer espaldarazo «oficial», por denominarlo de alguna forma. Lo siguió una mención especial en otro concurso organizado por la Fundación Internacional Jorge Luis Borges. Ya tenía el apoyo incondicional de mi familia; seguí escribiendo en los años subsiguientes, pero no consideré publicar hasta el año pasado, cuando irrumpió la pandemia.


—¿Qué géneros literarios escribes y por qué?

—Mis principales géneros actualmente son la ciencia ficción y el terror. Es posible que en el futuro me dedique a otros, a medida que mis intereses y las historias que quiero contar cambien. Creo firmemente que el mejor horror se encuentra en la cotidianidad. Esa era la máxima de Shirley Jackson, y creo en ella. No necesitamos bichos extraños y estrafalarios para asustarnos. Todos arrastramos fantasmas y monstruos dentro. Quiero escarbar en esos monstruos internos, explorarlos en mis libros, porque son reales. En cuanto a la ciencia ficción, opino que nos brinda una excelente oportunidad para reflexionar sobre el presente y también imaginar futuros. Arthur C. Clarke, por ejemplo, se adelantó más de una década a la historia de las telecomunicaciones con sus ideas sobre los satélites. Ursula K. Le Guin indagó en temáticas de géneros, colonialismo y ecología en sus novelas del Ciclo Hainish. Es un terreno muy fértil, en especial con la irrupción de nuevas tecnologías, como las redes sociales, la edición de genes, los vehículos autónomos, la nueva carrera espacial y armamentista… hay muchas historias para contar ahí.

—Explica a los lectores qué van a encontrar en tus libros.

—Me propongo a la hora de escribir un libro, desarrollar una historia subyacente compleja y rica, inspirada en la realidad o en diferentes fenómenos reales. Por ejemplo, la historia que se narra en El Castillo de San Severino es ficticia, pero todo el contexto es muy real, está inspirado en historias y leyendas de la Provincia de Buenos Aires. Previo a escribir el libro, investigué esas leyendas, la historia de los pueblos indígenas, la Conquista del Desierto, visité pueblos como Domselaar para impregnarme de la ambientación… lo mismo sucedería en una novela de ciencia ficción. Buscaría la mayor cantidad posible de verosimilitud, inspirándome en teorías o procesos científicos ya existentes, para luego extrapolar y añadir mi imaginación a la historia.    

—¿Qué es lo que más te ha costado escribir durante tu proyección como escritor/a?

—No me gusta la violencia gráfica. Creo que se abusa de ella en la televisión, en la literatura… creo que si hay escenas violentas, ya sea violencia verbal, física, o de otra clase, deben servir un propósito concreto en la narración y no ser meramente una exhibición de mal gusto. Por ese motivo en mi novela, si bien se narran hechos verdaderamente terribles, no se los muestra. Además, de tanto abusar de ella, la violencia pierde efecto: el lector se desensibiliza. Por lo tanto, una sola escena violenta, bien colocada, puede causar más impacto que una docena de decapitaciones.


—Si tuvieras que elegir un personaje de tu creación. ¿Cuál elegirías?

—De mi novela, elegiría a Marisa. Esto se debe a que es un personaje misterioso, guarda secretos. Francisco, por otro lado, al ser el narrador, conocemos el interior de su pensamiento y en gran medida es una persona convencional. Esto no es una crítica, es solo su manera de ser. Marisa, en cambio, manifiesta una relación especial con los eventos que suceden en el Castillo de San Severino casi de inmediato.

—¿Quiénes son tus referentes literarios? ¿Crees que influyen en tu forma de escribir?

—Admiro a varios autores. Shirley Jackson, por ejemplo. Fue una escritora de terror fundacional, y sin embargo, si uno lee sus novelas, son extremadamente sencillas en su redacción. Naturalmente, tampoco puedo dejar de mencionar a Stephen King, un escritor, que en mi humilde opinión, camufla problemáticas sociales como el alcoholismo, el bullying y los tiroteos escolares bajo máscaras de eventos sobrenaturales. En el campo de la ciencia ficción, están los hermanos Strugatsky, Stanislaw Lem, Arthur C.Clarke, Isaac Asimov, Ursula K. Le Guin y varios más. Creo que lo que influyó en mí fueron más sus perspectivas y temáticas, no tanto la técnica de su escritura.

—¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído que te haya marcado y por qué?

—Los primeros libros que leí, que dejaron una fuerte impresión, fueron las novelas de la Saga de la Fundación. Era realmente muy joven, y me asombró la inventiva de Asimov para crear una historia que se expandía por decenas de miles de años. Me hacía sentir pequeño como individuo. Y a fin de cuentas, ¿No lo somos? ¿Qué es la vida de un ser humano comparada con la totalidad del universo, que tiene billones de años?

Otro libro que también dejó huella fue Sinuhé, el egipcio. Recuerdo que leí las últimas páginas poseído por un impulso incontrolable, me dolían los ojos pero no podía dejar de leer. Waltari recreó un mundo completamente diferente al nuestro, y sin embargo, real, uno que existió. Eso me abrió los ojos a lo inmensamente diferentes que pueden ser las culturas que crea el ser humano.

—¿Tienes alguna anécdota curiosa como autor para compartir con nosotros? ¿Cuál?

—La anécdota más curiosa radica en la génesis de El Castillo de San Severino. La idea de la novela nació durante el confinamiento del año pasado. Muchas personas no lo saben, pero Argentina tuvo uno de los confinamientos más largos y duros del mundo: fueron en total ocho meses ininterrumpidos de cuarentena, naturalmente con diferentes grados de flexibilización. Pero los primeros cuatro meses fueron muy estrictos: no se podía salir del domicilio bajo ningún concepto, solo para comprar medicamentos o comida. Al mismo tiempo, el Poder Judicial argentino, como no estaba en absoluto preparado para trabajar remoto, decretó una pausa en la actividad judicial que terminó recién a finales de julio de 2020. Por lo tanto me encontré con una enorme cantidad de tiempo libre. En algunos de los momentos más difíciles, me dije a mí mismo: «¡Me siento como un fantasma, encerrado todo el día!». Y ese fue el punto de partida. Efectivamente, los fantasmas no son otra cosa que personas encerradas por mucho tiempo, a veces una eternidad, en una casa. En el cine suelen parecer malvados, pero en los hechos, creo que si una persona pasa una eternidad encerrada, termina por enloquecer. Daría cualquier cosa con tal de poner punto final a ese martirio. Con esa idea comenzó a trabajar mi cerebro y me puse manos a la obra.



—¿Qué esperas de Ediciones Passer?

—La relación que se ha entablado con la Editorial ha sido muy cordial y fructífera y espero mantenerla. Creo que se ha generado una buena sintonía. Una relación editor-escritor fluida es esencial para publicar un buen libro. Espero que la novela sea un éxito y establecer una relación duradera con Ediciones Passer. Aprovecho la oportunidad para agradecer a todos en Ediciones Passer por su dedicación y su respeto por mi perspectiva literaria. Mi mayor temor era tener que hacer frente a una gran cantidad de modificaciones en la historia y eso no sucedió.


—¿Estás trabajando en algún proyecto o tienes alguno en mente?

—Tengo varios proyectos en mente para el futuro. Como mi primer libro fue una novela de terror, me interesa la posibilidad de dar el salto a la ciencia ficción. He escrito varios relatos de ese género y tengo ideas para novelas. Hay varios temas candentes, como por ejemplo el cambio climático, que me gustaría abordar. Además, en particular, me gusta la ciencia ficción porque dedicarse a ese género en Argentina es casi una transgresión. No hay lugar para la ciencia ficción dura en la industria editorial local. O, si lo hay, es minúsculo. También tengo varias ideas para proyectos de terror.